a Rita Ferrer

(Luego de una noche en un bar de Santiago)

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Doña Rita Ferrer: sicalipsis de licnobio quisiera ser móvil de esta misiva, aunque reservo al onanista y al placer por la oquedad un instrumento hecho a mano.

Cualquier climaterio sería incapaz de aplacar castañuelas de niña que en boca y ojos maduraban, casi enamorándome. Quiero que engorde esa fruta. En términos femeniles: no más que ilusión del bálano.

No me interesa autosatisfacción que mamacitas gozan cuando niegan nuestro poder escupido.

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Excitación mental frente a transgresiones, moderación de la entrepierna herida, hallando puntos de erosión, hilan sayones a la imagen abierta aquí (Si yerro, cauterizaría ojos al maniquí). Escondías la boca y sonreías con experiencia que el ensayo ajusta, entre verdaderamente y asimilación de gestos para degustación. Creí que mis contrargumentaciones activaban tu sistema franco. Por eso, en punto, alargaba brazos y atraía. ¿Recuerdas?

Pero no hay cariño posible si aun la camada genera asechanzas. Horrible forma de asignar diferencias, ya que es algo menos trascenderthal. Es periodización:

“Chismografía de perrita que pare cachorras y no las des_alimenta”

A raíz de esto, recuerda la existencia de _________ y resta toda relevancia a aquellos sentimientos, cuyo poder alza gloria en defragmentación insular (caso Rita C.).

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Si mi ritmo no asegura tu satisfacción y, en cambio, mis ojos alcanzan a taladrar el cono en torno a tu corazón, producto de la abusiva “o”, sugiero manipular expresiones faciales cuando, frente al ídolo, haya exigencias. Pero tú eres compleja y no podrías. Y si el niño pintor se pone furia de que otro beso irrigue cavidades al corda que él devora, corres riesgo de morderlo, morderlo y morderlo más, hasta rematar su fe. Aunque a los cincuenta y Uno (ya dos) difícilmente blasfemes de manera tan humana. Alegría para ti que sostienes peligro, previsora a-sideral de la caída en las tumbas del pensamiento, donde denominas todo, queriendo agigantar y aquilatar una voz. En márgenes de esta ilusión, de allí, corriendo rápido en éxodo, encuentras a _________. Y tú convencida de asir algo del Universo en la cadena interminablemente inútil; dilapidando, en esta excusa larga que es la literatura, la oportunidad de ver más allá, desafinando la ópera de Nietzsche y de todo complejo humano.

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La escritura es uno de los innumerables medios para denotar la cavidad que nos domina como grandiosa vagina o falo en preñez. Aluvia, aluvia el Infinito, aluvia y reblandece hasta deshacer, imbuyendo a pasajeros rebeldes. Esto signarías como prédica, pero nada más soy resonancia de voz que no es voz, sino cantito que enmudece calamidades del pensamiento. Imagina una libélula, zumbando elitros interminables, como picaflor, posada en una brizna a vera río. Imagina nebulosas: cromatismo para filtrar sedimento y pasta de carbón.

Estás, Rica Ferrer, en tentación, desmembrando y concluyendo que saturas de paralogismos, pero en verdad, estás, Rica Ferrer, equivocada.

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Papá (51 ya 52) goza con melomanía. La especialidad consiste en que la predilección no es el hecho exclusivo de sentarse horas frente al altoparlante, con objeto de alimentar su espíritu, sino también, en el valor por enunciar, a quien pueda, el caudal que adquiere por 500 en una feria de barrio. Y todo el día, por tanto, en casa escuchábamos piezas de La Sonora Malecón, Zorba, el griego, Chayanne, a lo que se mezclaba Chopin, Silvio Rodríguez, Mariah Carrie y Emir Kusturica como si nada. El mundo me convirtió en una rocola. Y tú ¿qué escuchabas?

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Ven que ardo

Ah qué delicia

Uf bebe así

Echa mis dedos en tus surcos

Como lastimándote

Pero anestesia al zurrar

Vibra Babea

Taladra a puntazos

Suda lociones y juega

Para curación de animales

Y búrlate de la oruga

Atrapando picaflores

Con broca natural

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Y retorno. Narro ahora gravámenes: monopolio de mamones exige distienda tentáculos para entrar; conmina remamadas angélicas a cambio de hueco. Y, en verdad, cavo y recavo mórulas a fin de salvar el aire, matriz que sólo mis diosas anegan extáticamente.

En selvas herrumbrosas

Gacelas mordiendo hojas de siete puntas

Y retorno. “El que no llora no mama y el que no mama es un gil”: tal vez las yeguas patean cuando no les das; lo que les das no quieren; quieren jugar a dar lamidas a diestra y siniestra, y si no vas, eres narcótico de ensueños que saborean en su paranoia sexual.

Nada de yeguas con hipómanes eternos, ni trueque de huascazo por relamidas exuberantes en suavidad y leche. Aquí, fuera de proselitismo, bebo savia al tronco principal, hermafrodita de mi propio cuerpo. Lechuga, entonces, como lenitivos pra eles.

Entro a búfalo contra campo: trafico de poder, equinas, sanguijuelas de jabalí egocéntrico; soberbia que amenaza, acallando. Entro papagayo al sol y no doy picotazo contra picotazo, sino lengüeta excavadora para achinar cristales y excitar mareas. No cambio boca por boquerón ni sirvo tortilla. Prefiero ser esclavo de madres, pese al calostro traicionero.

Mi voz, ayuda para que jamás venda papel, por el contrario, compren ellos limpiacristales, deshechos igual en la frotación de las claraboyas, hartazgo de grumos y tintes merced al clima y la polución.

Voz de todo lo demás, llega a mi voz para depurar librejos infectados. Traduzca líbelos para curar; cercene médula a elenfantiasis mamotétrica.

Aquesta deformación: megalomanía a borbotones por tuberías melancólicas, interesa para denostación y refreno. Cúpula cenital, arcos y vectores recubren la esfera. Eje de mapamundi la cuerda enloqueciendo mi intimidad ronca e incomprendida.

A tiempo deduzco razones de ostracismo, sentencia por cuanto las manadas acordemente aplastan al Picabuey, amo en desparasitación. A tiempo recojo cuerpo y lo tumbo en cubículo indigente. Sahúmo al canalla con tal de intoxicar pestilencia democrática. Nadie entienda, qué va; extraiga sermón cualquiera de la pléyade, más lupanar que fontana de lirismo.

7

Saca caramelo a la bombilla, mamacita,

Que el bálano reviente y fulguren los espejos

Muerde callosidades

Expele rumor y savia hirviente

Rebuzna

Ensarta la boca

Famélica lame perlas

Bien que blanquecinas se escabullan en la concha

Muérdete entera

Ofrece tajo a lambida batiente

Llena comisuras y empuja

Para que viscosamente desvanezca

Dentada al fin en saboreos que cosquillean la borrachera del culo

Estrangula mis dedos

Mientras hiende a cloaca y agarro un calador para lacerarte

Ahora que vas ebria en la nave camastro

Vuelve la cara y pide que lastime

En tanto ordeñas la vara desnuda y levita lo que se agolpaba

Como arcada deságuame reservas refinadamente lácteas

Arquea para chupar la estrella

Y sulfúrica monta una máquina de sacudidas

Babea tu susurro caliente

Que ascienda el chorro y enardezca visajes en china

Trepa y palanquea cimitarra

Con puntazos vacíos

Deslengua amamanta a cachorros lascivos

Menos torpes merced a la licencia de las mamas

Quema forro y traga

Traga fibra tensa tendón

Eyaculando rabiosa pulpa del tronco

Resina clorhídrica

Bebible a horcajadas y trenzando el tórax

Pero bebiendo nata al fustigador regordete

Entrometido travieso

Un chuzo de amores sedosos

Escándalo de esperma en contoneos de diablo

(Mancebo atolondrado te enseñara calibre y cayeran acerolas en probeta sin fondo. Y nada importa si irrita, contento en alcanfor, bañando a leguleyas declitoriadas)

8

Entro a la selva nuevamente. Lua cheia, ven. Clarea a estos depósitos amadores. Blande tu lengua glacial, luce estalactitas. Meliflua, en mansedumbre, cala ramas para volarme. Por estos ojos dislocados, llena el pantano de Luciérnagas; fortalece mi espíritu para que jamás relinchos de corcel ni malvavisco en el molar irrumpan en mi choza, pues soy yo mismo quien rechaza cada sistema, implantando esta prótesis al monstruo de la literatura.

De roca en Rocka, de pulpo en Parra será arrasada la estancia.

Caballerías del miedo

Engendros de reptil

Torreones a la ilusión

Cerceno ahora complementos inútiles; composiciones más que gastadas, nunca existentes. Dilapidaciones, arcas atiborradas de pretextos. Sebo en la gullivera engorda bestia. Antídotos como la ternura pudieran salvar a la ramera. Deberán postrarse gentes de letras frente al mausoleo. Sólo entonces notificara el maestro a su pupilo rebelde, aunque fiel a las emanaciones energéticas. Únicamente por tal razón salvara. Asciende hasta una piedra.

9

Demasiado pernicioso todo aquesto, somnífero para hambrientos cuya voracidad resuelve cómodamente regurgitar sentencias. He comprobado lealtad con el espíritu que me lleva, transcribiendo según la absorción del alba. Dardo a las cimas: dendrografía espantosa deforma. Aloja pajarillos enfermos. Yo no conozco la ornitología, pero de seguro sé nombrarla con propiedad abusiva; leo sus migraciones por fluidos celestes y sonrío.

10

Algo menos real. Rictus de rizófago, si ella sonríe en boscajes y los exhibe en la pared. Blanda, torrencial y lejos del sol derrama goterones en su calza. Recojo ganglios depurados, se atrapa en la corriente. Yo araño, caen falanges, una mordida inflama. Cielos, santas glándulas, la dragona me ha bañado, y del tronco brotan burbujas, estamos sangrando. Espejos convexan explanada. Posa oscura: iremos tras el ritmo disfrazados de animal. Peciolo como chocolate embarra entre bembas de crema. Estamos luciendo nuestro exceso. Aposenta en el ayre y rinde todas las mareas.

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Aquí exigen látigos. Plenilunas agasajan esqueletos; articulaciones que engrana el Mesías. Estuve jugando a amordazar al can, hozando en descomposiciones, cartílagos y rocas sangrantes. Soñé ruinosamente y descubrí que el perro babeaba buganvilias. Delirio de pájaro que oye su belleza cuando cantan otros. Escarba plumaje, come piojillos, reverencia entre la hierba. Yo, más reptil y menos pájaro, trepo el látex que me ennoblece. Vamos. Las gaviotas escatófagas como chileno al tanto.

12

Huyo de la escriba, me atrapo —como los durangos— en modulaciones arbitrarias. Zumbidos avisan, llueven pestes para que retumbemos hacia la transmigración. Y, en verdad, quiero decir: pobrecito, oh pobrecito de ti, Rorrito. Caminas y la certeza a cada punzada, adentro aún más incisiones taladrando el plasma. Manda y linda huesos. Traten de entender, niños. Pobre, es que pobre mi chico, mi escarabajo, cómo te fue a pasar esto, cómo llegaste a la cama de púas pendiente a una luciérnaga. Por qué leer. Plenialunizaba cuando arcángeles soplaban flautines y nos limpiaba una tormenta.

Lamento pesimismo negro cuando zombis en cementerios leían a monjas muertas.

Ya no tengo por qué perforarme los sesos con brocas.

Furiosamente y en ternezas desbordantes, las flores eyaculan sobre el tronco. Ves, Rita, me parecen cáñamos chasqueados los sonidos arriba. Bofetadas fantasmagóricas a una tropa de sordos. Ojalá, tú, que alguna vez no tuviste límites, leas esta cosa que escribí por ti. Es mi voz…

Llega a fin el 21 de marzo de 2004, mi aniversario.